Harold Bloom decía que la lectura nos devuelve la otredad, ya sea la de uno mismo, o la de los demás. Es decir, nos da la oportunidad de vivir otras vidas. Ese hábito de sentarnos en silencio a escuchar a los demás guarda en sí la esencia de la virtud que nos hace falta para hacerle frente a nuestros días. Lo que sigue no me lo ha pedido nadie “con verdadera devoción” (como dice uno de nuestros “ilustres” escritores), ni tampoco un recuento exhaustivo, es apenas una pequeña memoria de lo mejor de lo poco que he sido capaz de leer.

El Tigre Blanco (Aravind Adiga) es de lejos lo mejor que he leído este año. Balram Halwai, filósofo y asesino, ha logrado salir de la casta de los sirvientes y convertirse en un exitoso empresario. Una noche, Balram lee en la prensa que el Presidente de China hará una visita de Estado a la India, para aprender cómo sus habitantes han desarrollado su vibrante espíritu empresarial. Decide entonces escribir una serie de siete cartas, en donde repasa su vida y explica al premier chino el origen de la “capacidad emprendedora” india. No se encuentra allí donde el gobierno lo llevará durante su visita: “Usted puede agarrar todo lo que le diga nuestro primer ministro durante su visita y voltearlo por completo, y entonces encontrará la verdad acerca de ese hecho”.

También me ha impresionado mucho La caza del carnero salvaje (Aruki Murakami). El ritmo aquí es menos trepidante, predomina ese estilo hipnótico y hasta opiáceo (Rodrigo Fresán dixit) de Murakami. Un joven publicista utiliza en una de sus campañas una imagen idílica e inofensiva: unas ovejas pastando en la montaña, y entre ellas, un carnero. Esta imagen lo coloca en la mira de un poderoso grupo, que se encuentra tras la pista del carnero. Y es que el animal, una suerte de santo grial que encierra el secreto del poder, sólo se deja ver por aquellos a quienes él escoge. El joven publicista tiene apenas un mes para dar con el carnero. No tiene margen para el fracaso: El grupo tras el carnero tiene fuerza para aniquilarlo física y emocionalmente.

He leído también un par de fascinantes libros de Orhan Pamuk (Otros colores y El castillo), aunque para los no iniciados siempre es mejor tratar de entrar de la mano de Nieve. Y no se puede dejar por fuera a Rafael Cadenas, la mejor noticia, de las muy pocas buenas, que recibimos este año. Aunque la poesía es un terreno resbaladizo en donde no se encuentran a gusto la mayoría de los lectores, quienes quieran aproximarse a Cadenas lo pueden hacer a través de En torno al lenguaje, Conversaciones con Walt Whitman, o mejor aún, Entrevistas con Rafael Cadenas. Este último es una extraordinaria recopilación de entrevistas dadas por el poeta (la mayoría por escrito), contienen su filosofía, sus propósitos y despropósitos, y su forma de aproximarse al hecho de vivir. “Cada quien parece que gritara: ‘No me quiten mi mentira que me derrumbo’. Cuando alguien, un aguafiestas, un hombre del subterráneo, sale desde la oscuridad con sus revelaciones lo tachan de loco. ‘Echemos al desadaptado que viene a perturbar…’ Mientras exista alguien que no esté contento consigo mismo y con el mundo, hay esperanza de redención”. Maestro, vaya su palabra por delante.

Disponible en:
http://www.eluniversal.com/opinion/091218/que-leer...

Miguel Ángel Santos