Uno nunca pensó que llegaría a escuchar al Presidente prometiendo, a manera de aguinaldo, traer un cargamento de leche importada. Los bienes controlados, que entran en la hojita de Excel que se utiliza para calcular la inflación a precio fijo, cada vez son más difíciles de conseguir. Venezuela se sigue moviendo en un escenario en donde no predomina la inflación, sino la escasez. Si el precio del petróleo no ha caído, y este año se proyecta un crecimiento en las importaciones de 35% - 45.000 millones de dólares - ¿qué es lo que está pasando?

La respuesta desafía cualquier idea fácil. Venezuela sigue siendo un cultivo de contradicciones, en donde se piensa que el desarrollo de centros comerciales en Acarigua y Barquisimeto, las hummers, y las nuevas viviendas, podrán coexistir sin mayores desavenencias con el proyecto de reforma constitucional y la república socialista. Pero algo sí se puede decir.

Por un lado, se nota una desaceleración en el ritmo de liquidación de divisas (BCV), aunque las autorizaciones (ALD) de CADIVI se hayan mantenido. Se ha vuelto a abrir esa brecha entre lo que me autorizaron, lo que me dijeron que iba a ser, y lo que es. Quienes cuentan con ALD, pero no con las divisas, empiezan a temer lo peor. En ese sentido existe amplia jurisprudencia, como dicen los abogados: Las autorizaciones de divisas existentes a la fecha de una devaluación siempre fueron reconocidas a la nueva paridad.

Hay demasiadas incertidumbres por ahí, la introducción de la reforma constitucional, la reforma monetaria, y la posible adopción de un cambio diferencial. Hay quienes prefieren mantener sus bienes en inventario, esperando a que decante todo este remolino cegador. Hay quienes han empezado a hacer pricing asumiendo que no recibirán más dólares a tasa oficial, o que si lo hacen será a una tasa distinta. Quienes están sujetos a controles de precios han decidido esperar a que exista una noción más clara de cuál podría ser el costo de reposición. Esta espiral se ha visto reforzada por el temor de una fijación general de precios previa a la introducción de la reforma monetaria. Todo el mundo está tratando de saltar hacia delante.

En medio de todo este desasosiego se nos ha perdido la razón, que también está racionada. Un día cualquiera de esta semana, al final de la tarde, escuché una entrevista que se hacía en Unión Radio, en un programa de economía y finanzas, a alguien que se quejaba de la inflación que se ha producido a raíz de toda esta incertidumbre, de ese aumento de precios que se ha anticipado a lo que vendrá. “¡Es que no hay gobierno que les ponga freno a los especuladores!”. Y el conductor le hacia eco, sugiriendo a los oyentes que se anotaran los nombres de los especuladores y se llamara al INDECU, o la Guardia Nacional (que ya debe ser lo mismo), “porque no puede ser que se suban los precios así”. Es decir, la misma manía persecutoria del gobierno. La misma lógica según la cual los precios no dependen de la presencia de competencia, de sustitutos, de la productividad y del riesgo; sino que son función del corazón y del buen espíritu del vendedor, de que exista un gran controlador que vele por que esa supuesta bondad se ponga de manifiesto.

Miguel Ángel Santos