Eduardo Gómez Sigala abrió el foro de CONINDUSTRIA el martes pasado presentando la caída en el número de establecimientos industriales entre 1999 y 2004, 38,9%. Francisco Vivancos cerró el Foro diciendo que el 2006 será “otro buen año”. Entre 1999 y el año 2004 el crecimiento económico promedió apenas 0,5%, mientras la población creció en ese mismo período 1,7% cada año. Y he aquí que, sin embargo y por obra y gracia del INE, ahora existen menos familias pobres, y la pobreza extrema apenas alcanza 10,1%.

La tasa de desempleo en los últimos doce meses cayó de 14,5% a 11,5% (Septiembre), pero en todos los sondeos de opinión la asignatura pendiente sigue siendo el (des)empleo. En esta materia la gestión del gobierno cuenta con 70% de rechazo, solamente por debajo de seguridad personal (en donde el rechazo supera el 75%). Lo que sucede es que no hay nuevos puestos de trabajo, según el INE, sino menos personas que quieren trabajar.

La inversión de capital en Venezuela había promediado apenas 12,3% del PIB entre 1999-2003; pero el cambio de la base de cálculo del BCV (de 1984 a 1997) ha colocado esa misma cifra en 22,6%, prácticamente el doble. En este sentido, la revolución no solamente amenaza con cambiar el futuro, sino también pasado. En los últimos veinticuatro meses la percepción de riesgo soberano del país ha caído 6%, pero en ese mismo período la relación precio-utilidad de la Bolsa de Valores de Caracas se vino abajo 89%.

La inflación (IPC) sigue bajando, cerrando Agosto en 12,3%, pero sigue siendo la mayor de América Latina, la única (Haití aparte) con dos dígitos. Los controles de precios siguen en pié y Mercal sigue creciendo, pero la inflación más alta registrada por el BCV en lo que va de año, 16,4%, ha sido precisamente en el rubro de alimentos y bebidas no-alcohólicas. En medio de un sistema que promueve “crecimiento endógeno”, el año pasado batimos récord de importaciones, y en el 2006 pondremos ese hito más alto. Esta inundación de productos importados a precios bajos (es decir, traídos a tasa de cambio sobrevaluada), no hace otra cosa que no sea asfixiar a la industria nacional. Pero ayuda a mantener la inflación baja.

Las gavetas crediticias que regulan las tasas del sistema financiero ya alcanzan 31% del total de la cartera de crédito. Pero al cierre del año 2004 la utilidad a patrimonio del sistema financiero venezolano fue la mayor de América Latina, 44,6%, seguida muy de lejos por Colombia, 25,6%.

El precio del petróleo alcanza sus niveles más altos en términos reales desde 1981, pero en los siete años que han transcurrido desde 1998 el balance fiscal ha estado permanentemente en déficit. Por esta razón, nuestra razón de deuda a tamaño de la economía (PIB) ha crecido de 27% a 41%. Este nivel de endeudamiento (41%) es moderado, a la vista del resto de América Latina, pero a este ritmo vamos a terminar debiendo el país entero a la vuelta de diez años.

La subida en los precios del petróleo ha generado por ahí la conciencia colectiva de un estado mil millonario. La verdad es que cuando uno toma las exportaciones petroleras del año 2004, en bolívares y por habitante, la cifra resulta en 7.195 bolívares. En otras palabras, una buena arepa y un jugo por día. Para el 2005 esa cifra puede cerrar cerca de 10.125 bolívares diarios por persona. Es mucho real para un gobierno, pero muy poco para un país que aspire a algo distinto a sobrevivir, a mendigar, a peor es nada, a mejor que nada.

Esta compleja situación nos obliga a rechazar las explicaciones fáciles, esas que suenan a demasiada obviedad. Si siente perdido, no se preocupe. Parafraseando a Alberto Barrera, si usted no sabe en dónde está parado, es que está aquí, en Venezuela.

Miguel Ángel Santos