Continúan pasando los días y “lo peor”, ese gran imponderable, no termina de llegar. ¿Por qué?

En primer lugar, porque a pesar de la suspensión en la venta de divisas ( más de 50 días) algunas empresas han podido seguir funcionando, utilizado las materias primas que quedaron ociosas como consecuencia del paro. Esto ha evitado episodios más graves de escasez, pero no alcanza para llegar más allá de dos meses. En consecuencia, es ahora cuando se van a empezar a sentir los efectos de que no haya suficientes divisas. Los presupuestos de ventas de dólares que se maneja CADIVI representan entre 40% y 60% menos de las importaciones del 2002, un año de profunda depresión económica. La venta de dólares de PDVSA al BCV durante Enero y Febrero (juntos) alcanzó 264 millones de dólares, muy lejos de los 450 millones de dólares mensuales que aspira a vender CADIVI.

En segundo lugar, porque no ha habido pagos fuertes de deuda externa, que llegarán a finales de Marzo y Junio. Aún en el escenario en que el gobierno logra exportar lo mismo que se importa, nuestras reservas caerían en una magnitud igual al servicio anual de la deuda, unos 4.200 millones de dólares.

Por último, porque el gobierno aún no se ha visto obligado a escoger entre recortar el gasto público en una magnitud gigantesca, o mantenerlo imprimiendo dinero a costa de una inflación gigantesca.

Y aún así, la inflación de Febrero alcanzó 5.5%, la caída del PIB trimestral se estima entre 24% y 28%, y se han sacado del FIEM 1,200 millones en lo que va de año. Uno se pregunta si volverá a amanecer en Venezuela. Por ahora no nos queda otra que tratar de entrar en la noche con los ojos abiertos.

Miguel Angel Santos