Durante estos ocho años se puede decir que el pragmatismo ha privado siempre sobre la ideología. Dentro de un esquema de política económica muy similar al de los últimos treinta años, el gobierno optó, cuando la cháchara cubano-marxista-socialista entró en conflicto con la realidad económica, por ser práctico.

Ejemplo: CADIVI. Abrió sus puertas con una actitud de torniquete, de van-a-ver-lo-que-es-bueno, e inauguró la venta de divisas en mayo (2003) con un tímido promedio de 11 millones de dólares diarios. En ese entonces se hizo más evidente que, en un país con un gasto público creciente y sin inversión, la única manera de promover el consumo y evitar la inflación es importando barato. A partir de allí, la cantidad de divisas liquidadas a tasa oficial ha crecido de forma sostenida hasta alcanzar 132 millones de dólares diarios (noviembre 2006). Nuestras importaciones, en medio del discurso cooperativo y de crecimiento endógeno, superaron ya los 31.000 millones de dólares.

Ejemplo: 18 de febrero de 2002. En medio de una caída de los precios petroleros (de 20 a 16 dólares por barril), el gobierno produjo una devaluación de 45%, subió la tasa del IVA, implementó el IDB, y anunció un recorte del gasto (que jamás se produjo). El FMI no lo hubiese hecho mejor. Y así muchos otros.

Ahora bien, si algo se asoma junto con el paquete de enero es precisamente la posibilidad, acaso la intención, de hacer prevalecer la ideología sobre el pragmatismo. Las restricciones de algunas importaciones (no sólo artículos de lujo) que habían servido de respirador durante tres años, amenazan con acelerar una inflación cuyo piso ya se encuentra en 18%. Cerrar el flujo de divisas a tasa oficial generará una fuerte presión inflacionaria por tres vías: Los sustitutos nacionales ya no existen, o son mucho más caros; los bolívares que antes salían del sistema para comprar dólares ahora se quedarán a ejercer presión sobre los precios, y el mercado paralelo (que podría pasar a ser negro) se convertirá en verdadero marcador de costo de reposición.

Todo parece indicar que la sustitución de importaciones será más lenta y más cara, porque el esquema de incentivos de cooperativas y EPS promete poco en materia de estímulos a la producción.

Algunos piensan que el gobierno está dispuesto a asumir el repunte de la inflación como el costo de aterrizar, de ensayar por fin la ideología del proceso. Otros piensan que, haciendo caso omiso de la experiencia de socialismo de siglo XXI anticipada con clarividencia por la corte de Lusinchi, el gobierno subestima tanto la aceleración de la inflación como sus efectos en términos de popularidad. En 2006 la inflación reportada por el BCV para el 25% más pobre fue de 19,8%, mientras para el 25% más rico fue de 15,9%. La revolución bonita.

Del Lusinchi precursor se podría retomar también el régimen de cambio diferencial, las listas de productos por diferentes tasas, los cambios y las improvisaciones frecuentes para tratar de frenar la inflación, y también el enorme repunte de la corrupción. Lusinchi también llegó a cinco años (para entonces, el fin de su mandato) siendo muy popular. La debacle vino después. Jaime es como tú. Chávez es el pueblo.

Miguel Ángel Santos