El mensaje del fin de año del Presidente del Banco Central está basado en el mejor estimado de cierre del BCV en torno a las principales variables económicas. La lectura más enriquecedora que podemos hacer de él se logra combinando la información pública sobre las cuentas nacionales de los primeros tres trimestres del año y el estimado de cierre actual, derivando de las cifras implícitas para el cuarto trimestre del 2001.

En la sección que corresponde al crecimiento económico, la cifra de cierre para el año se estima en 2.7%. El 2001 cerró con el cuarto trimestre consecutivo de desaceleración del crecimiento económico, es decir, tasas de crecimiento positivas pero cada vez menores. Entre Octubre y Diciembre del 2001 el crecimiento registrado es de apenas 1.4%. Dentro de la composición del producto interno bruto (PIB), el sector público decreció durante ese trimestre aproximadamente 4.0%, la caída más grande trimestral de los últimos nueve trimestres; mientras el sector privado creció 4.6%, presentando ciertas señales de desaceleración en relación con trimestres anteriores.

De todas las cifras trimestrales implícitas en el mensaje del Presidente del BCV las más alarmantes se encuentran en la cuenta corriente. El 2001 cierra con un superávit de US $4.395 millones, pero US $4.000 millones fueron generados en el primer semestre del año, y apenas US $377 millones en el segundo semestre. Más aún, el último trimestre está cerrando con un déficit de US $431 millones.

Una cifra ausente del mensaje es la fuga de capitales, que debe estar alrededor de US $8.300 - 8.800 millones, es decir, unos 9% del PIB. Esta inmensa salida de divisas, conjuntamente con el incremento de las importaciones que ahora suman US $17.200 millones y absorbieron 43% del incremento de la demanda agregada nacional, han ayudado a mantener baja la presión inflacionaria.

El comportamiento estable observado en la cifra de importaciones y fuga de divisas, más la peligrosa tendencia al déficit que está evidenciando la cuenta corriente, indican que la política cambiaria del gobierno actual se está haciendo cada vez más difícil de sostener. En otras palabras, las exportaciones petroleras del 2002 no van a ser suficientes para compensar las importaciones y la fuga de divisas, lo que va producir una pérdida significativa de reservas en los primeros meses del año.

Frente a esta coyuntura al gobierno, dentro de sus rígidas concepciones económicas, no le ha quedado sino una incómoda elección entre continuar aumentando las tasas de interés, devaluar, o implementar un control de cambio. Aumentar la tasa de interés luce poco factible, toda vez que la tasa de interés nominal activa cerró Diciembre en 38%, equivalente a 23% en términos reales. Además de ponerle un freno a la actividad económica, esa tasa a quien más daño le hace es al gobierno, que financió 3% de sus 4% del PIB de déficit fiscal vía endeudamiento interno con papeles de corto plazo (el 1% restante fue financiado haciendo uso del FIEM). El Presidente siempre ha sido poco proclive a devaluar. De manera que más temprano que tarde, el 2002 nos va a encontrar en medio de una fuerte recesión, con una crisis de balanza de pagos, y en medio de un control de cambio.

Miguel Angel Santos