Desde que se hizo público que TELMEX había llegado a un acuerdo con VERIZON para adquirir el 28,5% de CANTV pensé que valdría la pena dedicar este breve espacio a ese tema. Después de todo, que haya alguien dispuesto a salir de sus acciones de CANTV a ese precio es ya de por sí toda una noticia.

Pensé que valía la pena repasar los detalles de aquella operación en la cual, en 1991, 40% de esa misma compañía pasó del sector público venezolano a manos privadas por 1.885 millones de dólares, un valor de empresa equivalente a 4.700 millones de dólares. Una privatización que se agradece mucho hoy en día, pero de la que se habla muy poco. Aquí se ha creado una matriz de asociación privatización-VIASA, las fotos de los aviones abandonados en los hangares, quebrados por el sector público español, ya no por el venezolano. La transacción que han acordado TELMEX y VERIZON es por un valor implícito de empresa de 3.900 millones de dólares (tomando en cuenta que TELMEX está ofreciendo 667 millones por el 28,5% del capital, y que la deuda total se aproxima a 1.550 millones de dólares).

Me imaginé que para los lectores sería útil saber que 5.250 millones de dólares de 1991, equivalen a 6.700 millones de dólares de hoy, porque en estos quince años en Estados Unidos ha habido una inflación promedio anual de 2,6%. Eso significa que esta CANTV, quince años después, vale 42% menos que aquella otra. Puesto de otra forma, el valor ofrecido por la empresa hoy equivale a 2.720 millones de dólares de 1991. Me entretuve pensando qué hubiesen dicho de Pérez si hubiese vendido CANTV por ese precio. Visto por suscriptor, los 475 dólares que TELMEX está dispuesto a pagar por CANTV palidecen antes los 1.145 dólares ofrecidos en esa misma operación por cada suscriptor en República Dominicana.

En plena tarea de afinar estos números, de atar el deterioro en el valor de CANTV al de las expectativas sobre el futuro de Venezuela (en medio de una sostenida bonanza petrolera), supe del asesinato de los hermanos Faddoul y de Miguel Rivas. Las imágenes de los cuerpos boca abajo alineados en la grama, con las manos agarradas, doce, trece, diecisiete, treinta años. Las franelas con la insignia del colegio, cuarenta días después.

De repente, todo lo que había pensado en escribir me pareció irrelevante. Perdí el interés en los argumentos que venía construyendo, y tuve la certeza de que nadie abriría el periódico del lunes con la intención de saber más sobre el deterioro en el valor de los activos venezolanos. Pero, para estar claros, yo no soy Fermín Mármol León. Yo no sé de la politización de la policía, de los asesinos uniformados. El vacío no me da para 3.500 caracteres.

Entonces escuché las declaraciones del Ministro de Interior y Justicia, el énfasis en la solicitud de no politizar el incidente, la atribución de la situación de inseguridad nacional al sistema de policías regionales heredado de la cuarta república. Siete años después. Escuché al Fiscal General decir que ya tienen pistas claras sobre los autores del asesinato. Una vez más. Y entonces pensé que, después de todo, unas cosas no son independientes de las otras. Pensé que los asesinatos diarios, la inseguridad personal y jurídica, la impunidad, el viaducto, la basura, en menos palabras, la ausencia de orden, no son independientes de la inversión, de la caída en el valor de los activos venezolanos, de la falta de empleo. La ineficiencia de siete años de gestión pública montados encima de una heredad ya de por sí muy descompuesta, subyace a todos y a cada uno de nuestros males. Como reza el principio de la dialéctica de la unidad y multiplicidad de Platón, aquí todo tiene que ver con todo.

Miguel Angel Santos