Los resultados del segundo trimestre ya se empiezan a parecer a lo que hemos vivido antes cuando caen los precios del petróleo. En su intervención en el seminario del Centro de Finanzas del IESA el miércoles pasado, Juan Carlos Monedero ha dicho que deberíamos celebrar el que, mientras el resto del mundo se ha descalabrado, Venezuela ha tardado casi un año en mostrar algún síntoma.

Nuestra producción ha caído 2,4%, el consumo por habitante 2,3%, y las importaciones 8,9%. El bolívar en el paralelo se ha depreciado 45%. Que haya tardado algún tiempo no ha tenido mucho que ver con nuestro buen manejo de la crisis. Al contrario. Venezuela decidió apostar por la recuperación del petróleo y mantener la fiesta rodando hasta hace muy poco. Para hacerlo posible, se contratará deuda durante 2009 equivalente a dos tercios de la deuda registrada en los cuarenta años previos a Chávez. Visto así, no tiene mucho mérito. ¿Por qué no han hecho esto otros países? Ningún congreso en cualquier sistema con algún rastro de democracia y sentido común aprobaría ese brutal nivel de endeudamiento, y menos aún si se contrae para financiar consumo y salidas de capitales.

Juan Carlos ha hecho énfasis en que la falta de institucionalidad, a nivel del Estado, político, empresarial no-clientelar, de ciudadanía; ese entusiasmo breve que nos mueve desde tiempos de la colonia, hizo posible que el “experimento neoliberal de 1989” (que en realidad fue keynesiano) haya causado estragos. En mi opinión, esa falta de institucionalidad le causó estragos a aquellos y se la causará también a estos. No distingue ideologías. Por otro lado, tampoco ayuda la asfixia de los partidos políticos, cerrando los mecanismos de financiamiento público y persiguiendo a las empresas que realizaban aportes.

Hacia el final, las intervenciones y la discusión se precipitaron con vértigo hacia el pragmatismo más puro: Si bien el capitalismo tiene sus fallas, que él expuso allí con bastante detalle y muy buena referencia: ¿Cuál es la alternativa? Se propone una transición hacia un modelo distinto, un lugar más justo que todavía se desconoce. La expresión más pura de la utopía (del griego ou, no, y topos, lugar: Lugar que no existe). Para Juan Carlos, vivir en el capitalismo a sabiendas de sus carencias no es una opción. Hay que moverse, buscar. Me parece una extraordinaria filosofía de vida. Me identifico con su inconformismo. A nivel personal. A nivel colectivo, arrastrar a un país entero en búsqueda de una sociedad más justa; por una calle que no se sabe a dónde va pero que se parece mucho a las que no llevan a nada bueno, me parece algo irresponsable. Si en las fallas del capitalismo terminan pagando siempre los más pobres, aquí no será diferente.

En cualquier caso ha sido un encuentro muy útil. Habría que agradecerle a Juan Carlos su apertura y su disposición a escuchar puntos de vista ajenos y a contrastarlos con los propios, a promover una discusión sobre ideas y no sobre la base de los buenos y los malos. En el transcurso de la discusión han salido muchos puntos comunes, muchas áreas de acuerdo (quizás más sobre los qué, que de los cómo). Y eso, en una situación como la nuestra, no es poco decir.

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http://www.eluniversal.com/opinion/090828/utopia-u...

Miguel Ángel Santos