¿Qué es lo que está pasando en Venezuela? Llevamos un cuarto de siglo enredados en esa pregunta. Al menos desde finales de los años setenta, cuando se desmoronó ante nuestros ojos el modelo de desarrollo que nos había convertido en una de las economías de mayor crecimiento a nivel mundial. Desde entonces, el empecinamiento del sistema político por sostener lo insostenible, prescindiendo de la abrumadora evidencia y desoyendo aquellas primeras advertencias, se tradujo en uno de los más espectaculares fracasos. Veintisiete años después, el país que contaba con tres cuartas partes de su población en la clase media, pasó a tener dos tercios de sus hogares en situación de pobreza.

A nuestro entender, el signo de nuestro fracaso viene dado porque, ya sea por incapacidad o por miopía, ninguna de las administraciones que ejercieron funciones de gobierno en ese período, populistas o neo-keynesianas, se atrevieron a proponerle al país un acuerdo en relación con un conjunto mínimo de políticas necesarias para detener el empobrecimiento progresivo y alcanzar el desarrollo. Si algo ha quedado claro de las primeras publicaciones del Proyecto Pobreza ha sido que el venezolano desea acceder a la modernidad y a los bienes que trae consigo el desarrollo. Las actitudes modernas, para utilizar la terminología del estudio, se encuentran en una proporción importante aún en los estratos más bajos de la población. Se trata entonces de los medios, de las políticas necesarias para alcanzar esa meta común.

Así, llegamos a la conclusión de que si algo podíamos hacer para aportarle algo a ese país que se nos deshacía entre las manos, era precisamente proponer los grandes lineamientos de un acuerdo nacional de esa naturaleza. Nos llevó tres años. En el proceso, se fueron incorporando académicos y especialistas de diferentes áreas e instituciones. Llegamos a ser más de un centenar de personas, coordinadas por Luis Pedro España, Gustavo García, Armando Barrios, Jesús María Casal, Marino González, Ricardo Villasmil, y quien escribe.

A los trabajos de cada área en particular les sucedieron reuniones plenarias y detrás de estas, vuelta al trabajo particular. Allí empezamos a notar ciertos principios rectores de los análisis, los diagnósticos y las políticas: Los principios alrededor de los cuales debemos ponernos de acuerdo. Alcanzada cierta masa crítica temática, nos dimos a la tarea de exponerlo en todas las universidades del país que nos dieron cabida, en todos los partidos políticos, en todas las instancias de la sociedad civil en donde fuimos invitados. En ese esfuerzo por alcanzar hasta las áreas más remotas de nuestros movimientos sociales, llegamos a reunirnos inclusive con un pequeño grupo de monjas misioneras. Aproximaciones sucesivas.

El resultado está allí, se llama “Venezuela: Un Acuerdo para el Desarrollo”. Será presentado este martes, a las 11:00 AM, en la emblemática Sala E de la Universidad Central de Venezuela. Son 16 capítulos, correspondientes a 16 problemáticas, agrupadas bajo un tema común: La necesidad de un acuerdo nacional. A partir de aquí, el proceso continúa. Esta publicación es apenas un alto en el camino para poner en blanco y negro, en lenguaje accesible a todos, en dónde estamos en términos de nuestro diagnóstico de la situación, de nuestros objetivos, y de cómo pensamos que se puede cubrir la brecha. El proceso continúa. Vendrán ahora los foros, los talleres, las discusiones. Recuperar el debate abierto, sin ideologías vacías, en torno a los problemas fundamentales del día a día de los venezolanos, es un paso necesario para empezar a promover los consensos de políticas para reducir la pobreza y alcanzar el desarrollo de forma sostenida, siempre en democracia.

Miguel Ángel Santos