Hace algunos años, a raíz de una nota titulada “Se desangra Venezuela” que escribí en referencia a las continuas salidas de capitales del país, recibí un breve mensaje de Luisa Palacios. Individuo de número de esa corriente que se resiste a ver nuestro devenir y la vida en general en términos casuales, con esa inclinación a lo causal y a la narrativa tan característica de la economía política, Luisa había identificado ya el patrón general a partir del cual se podía explicar aquella ocurrencia específica: “Venezuela no se desangra, Venezuela es hemofílica”. Hago la puntualización porque creo que es una frase afortunada, con una consistencia y una perfección casi artesanal, y no corresponde a mi autoría.

Esa hemofilia nuestra se me vino a la mente tras publicar el BCV los resultados de 2009: La acumulación de activos privados en el exterior totalizó 18.124 millones de dólares. A esa cifra la metodología económica tiene a bien agregar los “errores y omisiones”, unos 4.783 millones adicionales, que arrojan un gran total de 24.415 millones de dólares en salidas de capital privado. Eso incluye la venta directa de dólares, las emisiones de bonos (bolívar-dólar) y las asignaciones de CADIVI a transnacionales para repatriación de dividendos. Comoquiera que esta última desde hace un par de años se aproxima a cero, esa cantidad viene a ser un estimado fiel de lo que le ha costado al gobierno “mantener” el dólar paralelo. ¿Qué quiere decir mantener? Durante 2009, el valor promedio del bolívar en el paralelo se depreció 41%, aunque entre diciembres de 2008 y 2009 apenas llegó a 15%. ¿Cuánto costó que “sólo” fuese eso? 24.415 millones de dólares.

Esta cantidad, sin precedentes desde los días de Herrera Campíns, los torontos y las cadenas de último lunes del mes, tiene sus implicaciones para lo que está por venir. En primer lugar, cuando se trate de determinar cuántas “reservas” tiene el gobierno (decir el Estado sería mucho), hay que considerar no sólo las importaciones (cuenta corriente), sino también el financiamiento del paralelo (cuenta de capital privado, que ya totaliza 65% de las importaciones). En segundo lugar, hay que preguntarse por cuánto tiempo más va a estar dispuesto el gobierno a quemar dólares para atender el paralelo. El año pasado fue necesario endeudarse 14.974 millones de dólares (netos), sacrificar 10.262 en reservas y desacumular otros 9.023 desde FONDEN (y afines). ¿Por cuánto tiempo más lo podrán hacer, y no menos importante, por cuánto tiempo más estarán dispuestos a hacerlo?

No se trata tanto de si quieren o pueden, sino de qué alternativas tienen. En el ambiente actual de expectativas, con las tasas de interés tan negativas y la persecución a la propiedad, no atender el paralelo obligaría a recortar el gasto público o a permitir una fuerte depreciación del bolívar, que a su vez tendría su efecto en los precios. La alternativa tampoco es atractiva: Seguir endeudándose, quemando dólares, para que un pequeño grupo de venezolanos sigan atesorando dólares en el exterior. Es una elección incómoda que hasta ahora se ha saldado por el lado práctico. Pero eso no siempre será así.


Disponible en:
http://www.eluniversal.com/opinion/100312/venezuel...

Miguel Ángel Santos