Alguna sorpresa causó la devaluación del pasado 3 de Marzo, según la gaceta oficial efectiva a partir del primero de mes. La nueva tasa de cambio oficial, 2.150 bolívares por dólar, es 12% mayor (o menor el valor del bolívar, según se lea) que la anterior, y el escenario petrolero hace prever que muy probablemente sea esta la única devaluación que vamos a tener dentro de los próximos doce meses.

Vale decir “alguna” sorpresa porque más allá de las declaraciones de Tobías Nóbrega en Diciembre, de las que una interpretación muy sutil concluyó que la devaluación podría ocurrir el primer día del año, todo parecía indicar que sería nuevamente Febrero el mes escogido por el gobierno para realizar el ajuste cambiario. Eso sí, al igual que las dos veces anteriores, acompañado por un decreto de aumento salarial, a ver si el efecto negativo que suele causar el anuncio de una devaluación se puede diluir con la misma efectividad con la que se diluirán los aumentos.

Fue Febrero de 2002 el mes de la primera gran devaluación de este gobierno, que acabó con el sistema de bandas y causó una pérdida en el valor de nuestra moneda de 50% en un solo día. Todo esto en respuesta a una caída en los meses anteriores de los precios petroleros de 4 dólares (de 20 a 16), acaso la única caída que le haya tocado experimentar a esta administración, y por cierto bastante antes de Carmona, de los sucesos de Abril, del paro y de esos otros tantos demonios que se suelen señalar como culpables de nuestro pobre desempeño económico con demasiada frecuencia. Fue Febrero del 2003 cuando se introdujo el control de cambio que fijó la tasa en 1.600 bolívares, que si bien significó una revaluación del bolívar en relación con el mes anterior (en pleno paro, Diciembre había cerrado en 1.853), representaba el reconocimiento oficial de un 60% adicional de devaluación en 12 meses. Fue también Febrero del 2004 cuando se introdujo el ajuste de 20% en la tasa oficial, de 1.600 a 1.920. En todos estos casos, las medidas de ajuste cambiario vinieron acompañadas de decretos de aumentos salarial, una secuencia que se ha vuelto a repetir este año, acaso con alguna demora de unos días.

Dicho esto, y tomando en cuenta el episodio de aquella primera devaluación de febrero del 2002, vale la pena hacer algunas consideraciones. En primer lugar que esa devaluación es baja, acaso insuficiente, dado el nivel de inflación que está experimentando el país. Si la política fiscal y los mecanismos de financiamiento del déficit del gobierno generan una inflación de 20% anual (en una época en la que en el mundo no hay inflaciones de dos dígitos, salvo Rusia, Turquía, y Egipto y estos servidores), entonces es difícil tratar de sostener una devaluación de apenas 12%. Difícil, no imposible, al menos en el corto plazo, toda vez que ya entre 1999-2001 Jorge Giordani se empeñó en que la devaluación fuese de apenas 7%, en un ambiente inflacionario que promedió en ese período 13%. Fue precisamente ese retraso cambiario, esa ilusión óptica que le facilita al país importaciones baratas cortesía de los altos precios petroleros y ahoga a los productores locales, la que provocó aquella devaluación de 50% en un solo día.

Es esa la vulnerabilidad de la economía venezolana tres años después. Esta escondida, pero está allí. Es volver a repetir los mismos errores de los últimos 27 años, pero en un ambiente de precios petroleros favorable más prolongado, que acaso nos alcance para comer un poco más hoy, sí, y seguro también para pasar más hambre mañana.


Miguel Ángel Santos