A finales del año pasado cualquier ciudadano común de esos que ahora siguen los precios del petróleo (así como la cotización del dólar y los niveles de las reservas) debió de haberse empezado a preocupar. Hasta entonces los precios del petróleo venezolano se habían mantenido por encima de 20 dólares el barril, pero durante el último trimestre del año habían promediado apenas 15,77. Independientemente del grado de conocimiento sobre economía de ese ciudadano común, su experiencia como venezolano le permitía sacar algunas conclusiones: Durante los últimos veinte años había aprendido que cada cuatro o cinco años los precios del petróleo caen, encareciendo los ingresos del sector público, y disminuyendo la cantidad de dólares que entran al país por concepto de exportaciones. La primera de esas cosas típicamente derivaba en una disminución del gasto público y un aumento de los impuestos en sus diferentes modalidades; la segunda seguramente presagiaba que el paraíso cambiario en el que se habían vivido los cuatro o cinco años previos no era sostenible, por lo que un fuerte ajuste en la tasa de cambio – devaluación - era inminente (lo que a su vez ayudaría a cuadrar las cuentas del gobierno, pero esto no es tan evidente para el ciudadano común, y menos aún después de las confusas declaraciones de Tobías Nóbrega en este sentido).

Este era el panorama que enfrentaba Venezuela en Febrero del 2002. Difería en poco de lo que ya había ocurrido a finales de 1983, 1988, 1994, y 1998. Consecuentemente, el 12 de Febrero del presente año el Presidente hizo una cadena nacional en donde se anunciaba la libre flotación del tipo de cambio (con un gesto vago que más o menos indicaba a dónde iba a ir a parar el dólar en el futuro cercano), un recorte significativo del gasto público, la declaración y utilización de las “utilidades cambiarias” del Banco Central y la utilización de parte de los recursos ahorrados en el FIEM.

El venezolano promedio observó la cadena presidencial con cierta sensación de deja vu: “Lo que yo tanto temía, finalmente me ha acaecido”. Transcurrió Febrero, y en Marzo los precios del petróleo comenzaron a mostrar ciertas señales de recuperación. La cesta venezolana cerró Marzo a 20,25 dólares por barril (casi cuatro dólares por encima del promedio de Enero y Febrero), Abril a 23,82, Mayo a 22,55 y Junio a 21,64. No debe haber faltado quien por un breve instante se haya preguntado si realmente Dios es venezolano, pero Chávez no le dio demasiado tiempo para convencerse. A finales de Junio y en plena bonanza petrolera, el gobierno anunció su intención de implementar un paquete de ajuste fiscal de corto plazo mucho más fuerte que el de Febrero (cuando el precio del barril venezolano promedió 16,31 dólares), que incorpora todas las medidas típicas de los satanizados paquetes de la cuarta república (aumento del I.V.A, aumento del I.D.B., aumento indirecto del precio de la gasolina), además de una devaluación que en los últimos 12 meses supera el 90%. Todo esto mientras el petróleo venezolano se pasea por los alrededores de los 22-24 dólares por barril.

¿Por qué? ¿Qué está pasando en Venezuela, que aún un precio promedio petrolero de 20,5 dólares por barril ya no nos es suficiente? Las respuestas a estas preguntas no son fáciles, en cualquier caso yacen detrás de esa inmensa maraña de incompetencia e incomprensión que es la administración Chávez que algún día, de eso no quepa la menor duda, va a quedar al descubierto. Pero sí hay algunos elementos distintos esta vez que vale la pena mencionar.

En primer lugar está la deuda interna. Durante la administración de Chávez se cuadruplicó la deuda interna y ahora cada vez que el gobierno quiere subir los intereses para estimular la tenencia de bolívares, el primer perjudicado es él mismo. En segundo lugar, está la inmensa desconfianza que existe en relación con Chávez. No hay un solo inversionista, sea extranjero o local, dispuesto a colocarse en bolívares, o dispuesto a prestarle dinero al gobierno nacional. Y he aquí el verdadero nudo gordiano de la crisis de Chávez, Nóbrega y Pérez: La devaluación y el aumento de los precios petroleros ayudaron a corregir el problema fiscal, pero no hay quien les preste dinero para renovar el principal de la deuda interna ni externa que se vence este año (en el déficit fiscal sólo están incluidos los intereses, porque se asume que el gobierno va a estar en capacidad de renovar el principal). Para colmo de males Venezuela es el país de América Latina con el peor perfil de madurez de deuda, con el 22% del total del endeudamiento venciendo durante el 2002 (aproximadamente 5% del PIB).

Hay dos cifras que son espejo de esta realidad y a su vez espejo de Chávez, para su desgracia: La fuga de capitales, y la tenencia de bolívares. La fuga de capitales alcanzó durante el primer trimestre del 2002 la cifra record de 3.7 mil millones de dólares, más de 12% del PIB trimestral. Con esto ya suman 26 mil millones de dólares los que han salido al exterior desde la llegada de Chávez al gobierno. La otra cifra es la tenencia de bolívares. Hasta Marzo la cantidad de bolívares como porcentaje del producto interno bruto en bolívares se encontraba alrededor del 12%, unos de los más bajos de nuestra historia y entre los más bajos de América Latina para países con una sola moneda (quizás esto signifique que ya muchas transacciones en Venezuela no se están haciendo en bolívares). Este es uno de los indicadores líderes de la actividad económica y está señalando que la gente no desea tener bolívares porque le teme a Chávez y a la devaluación. Irónicamente, los únicos obligados a tener bolívares son aquellos con escasa capacidad de ahorro o escasas posibilidades para dolarizar sus ingresos, en caso de que tuviesen algún excedente. En otras palabras, los sectores más pobres. Son esos quienes están pagando el precio de este ajuste fiscal con el petróleo a 22 dólares, que no es el ajuste de este año sino de los tres años y medio de incompetencia.

Las reglas básicas de la economía le siguen pasando factura a la revolución.

Miguel Angel Santos