La Universidad del Bósforo sirvió el pasado Lunes al mediodía de marco para un almuerzo ofrecido por el jefe de la facultad de economía y antiguo vice-Ministro de Economía de Turquía, Mehmet Kaytaz. La idea era intercambiar ideas con los miembros de la facultad acerca de la economía venezolana en general y de los años más recientes – el período Chávez – en particular. Hablar sobre Venezuela en el exterior no siempre es fácil, y menos aún cuando la audiencia forma parte de un país sin riquezas naturales que se las ha arreglado para sobrevivir y desarrollarse a fuerza de eso que en Venezuela llamamos la “economía no-petrolera”. En el caso de Turquía en particular lo hace un poco más fácil el hecho de que el país se encuentra rodeado de vecinos con inmensas reservas de petróleo que, al igual que Venezuela aunque probablemente por razones distintas, no se han traducido en mayor bienestar para la población. Para el común de los asistentes Venezuela termina más características y matices comunes con los países árabes del Medio Oriente, sus socios en la OPEP; que con sus vecinos latinoamericanos. Dime con quién andas y te diré quién eres.

Uno empieza este tipo de reuniones con la misma letanía: La economía venezolana desde siempre y hoy más que nunca depende del petróleo, como lo demuestra el hecho de que el 25% del PIB del país es petrolero, y aproximadamente 75%-85% de las exportaciones y entre 50%-60% de los ingresos del sector público provienen de la actividad petrolera. Esta última característica trae la dificultad de que cuando existen precios altos el gasto público aumenta, y cuando bajan los precios es muy difícil recortarlo, ocasionando crisis fiscales que culminan en maxi-devaluaciones y aumentos en los impuestos que vienen a ser implementados cuando la economía se encuentra más golpeada.

Pero este problema desde el punto de vista de la política económica ya no es uno de los que preocupa a los intelectuales del área en general, de hecho se considera asunto resuelto desde hace ya bastante tiempo. Y precisamente esa es la pregunta obligada que hace el profesor de economía keynesiana Resad Kayali: “¿Y no existe un fondo de estabilización en Venezuela?” Y aquí es donde empiezan los problemas. Porque uno tiene que decir que sí, que existe un fondo, pero que en Venezuela no funciona como en otras partes. Por ejemplo, uno tiene que explicar que cuando se creó el FIEM se fijó como criterio para el ahorro no un promedio móvil (es decir, ahorramos cuando el petróleo esté por encima del promedio de los últimos x meses), sino se colocó una cifra absoluta. Como en los albores del gobierno de Chávez el barril venezolano estaba cerca de siete dólares, se incorporaron en el fondo los límites para empezar a ahorrar con base en un precio por barril de nueve dólares. Esos nueve dólares colocan al gobierno venezolano en la absurda situación de pedir prestado a nivel local para poder cumplir con las cuotas de ahorro del FIEM, porque el barril de petróleo hace tiempo que está por encima de nueve dólares (lo que no significa que el estado tenga recursos en exceso para ahorrar). El resultado es que en los primeros tres años de Chávez la deuda pública interna se cuadruplicó.

Pero esta explicación no es suficiente, y Resad Kayali insiste: “Sólo por curiosidad, ¿De dónde sacaron la cifra de los nueve dólares?” Y bueno, uno se sonroja, es cierto que uno no tiene respuestas para todo, y en la Venezuela de Chávez eso es todavía más cierto. ¿Quién sabe cómo se le ocurriría ese número a Giordani?.

También es necesario decir que el FIEM venezolano se puede usar siempre que los fondos se destinen a proyectos “de bienestar social”, que más o menos lo hacen utilizable para todo. No está circunscrito su uso al pago de deuda ni a situaciones de emergencia nacional. Y todo esto sin la necesidad, que no existe en esta reunión, de caer en el detalle de que el gobierno solicitó a finales del 2001 endeudamiento adicional para cubrir su cuota de participación en el FIEM, y una vez aprobado decidió utilizar ese dinero para otra cosa.

Pero el asunto del FIEM no alcanza para explicar lo que pasó en Venezuela en estos años, porque como bien apunta Mehmet Kaytaz, los precios del petróleo han permanecido altos, y el endeudarse a nivel local para invertir en moneda extranjera no afecta el endeudamiento neto del sector público en términos consolidados. Eso es técnicamente correcto, pero el detalle es que durante los últimos cuatro años el gobierno se ha visto obligado a mantener tasas de interés reales muy altas en un esfuerzo inútil por ponerle freno a la fuga de capitales. Estas tasas de interés aplicadas sobre una deuda interna cuatro veces mayor a la que teníamos en 1998 han sido responsables en parte de la crisis fiscal del presente año.

La fuga de capitales, que alcanza los 27 mil millones de dólares durante el gobierno de Chávez y que durante el primer trimestre de este año alcanzo el equivalente de 12% del PIB, es el resultado de la falta de confianza en Chávez, estimulada por los excesos de la Ley Habilitante, por la Ley de Tierras, por las amenazas e inconsistencias del propio Chávez y su entorno. Para completar el panorama fiscal, los mercados internacionales siguen reacios a prestarle dinero a Chávez para financiar fugas de capitales. Esto ha obligado al gobierno a incorporar la amortización de la deuda venezolana que se vence en el 2002 (22% del total de la deuda del gobierno central) en las necesidades de financiamiento. Y por eso tenemos un paquete fiscal fuertemente recesivo con el petróleo a 24 dólares.

Hace falta cerrar con una nota positiva, y en Venezuela aún hay suficientes motivos para ser optimista sin ser ingenuo. A pesar de Chávez, Venezuela tiene el nivel de endeudamiento como porcentaje del producto más bajo de América Latina (porque nadie le quiere prestar fuera de Venezuela y ya se saturó la banca nacional), la crisis del gobierno de Chávez es una crisis de credibilidad e incompetencia, el estado venezolano tiene problemas de liquidez y no de solvencia. Venezuela sigue teniendo petróleo, lo que le da la única cuenta corriente superavitaria de América Latina. Pero más allá de estas cifras puntuales, Venezuela sigue teniendo grandes retos macroeconómicos que no son nada fáciles y que coinciden con los de muchas economías del Medio Oriente: Desarrollar el aparato productivo no-petrolero, no sólo para incrementar el empleo y el producto sino también para incrementar los ingresos fiscales no-petroleros (sin incrementar las tasas impositivas) y disminuir la dependencia del petróleo.

Cerca del final, Yilmaz Hakan, profesor del departamento de Ciencias Políticas, pregunta: “¿Cuál es el volumen de las exportaciones petroleras de Venezuela?”. 27 mil millones de dólares durante el 2001, y 34 mil millones durante el 2000. Hakan suspira: “Mehmet, ¿Tu te imaginas todo lo que haríamos nosotros si tuviésemos esa cantidad de dinero?”. Mehmet Kaytaz contesta: “No, no me lo imagino y no quiero ni pensarlo. Quizás nos hubiésemos puesto a descansar, nos hubiésemos descuidado, no hubiésemos desarrollado el resto de la economía, y hoy tendríamos muchos más pobres de los que tenemos, dispuestos a escuchar a líderes populistas”. No me cabe la menor duda de que hubiese sido así.

Miguel Angel Santos