Felipe Calderón entra en su último año: El juicio electoral se aproxima. Han pasado cinco años desde que decidiera enviar el ejército a Michoacán a combatir al narcotráfico. Cinco años y 45.000-50.000 asesinatos. Esta semana la prensa internacional, en particular Der Spiegel y El País, le han dedicado sendos reportajes. La imagen de decenas de cadáveres abandonados en pipotes de basura, o en un camión a cuadras de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ha generado una enorme impresión colectiva que ha puesto el tema en la agenda de la prensa mundial. Calderón también enfrenta un juicio con escasas probabilidades de éxito en la Corte Penal Internacional. Como ha señalado Human Rights Watch: “Nadie lo acusa de haber ordenado estos abusos, pero sí de tolerarlos gracias a una serie de políticas equivocadas”. En esos mismos cinco años las estadísticas oficiales venezolanas registran 80.618 homicidios.

Algo similar ocurre con la guerra en Irak. El “genocidio de Estados Unidos en Irak” no sólo es uno de los temas favoritos de Venezolana de Televisión, sino además de toda la prensa de izquierda a nivel global. De acuerdo con los estimados más pesimistas (www.iraqibodycount.org), entre 2003 y 2011 murieron 114.235 civiles de forma violenta en Irak. En ese mismo período fueron asesinadas en Venezuela 123.910 personas.

Es interesante preguntarse por qué una cantidad de asesinatos tan colosal no es considerada noticia a nivel internacional. Ni siquiera la campaña emprendida hace unos años por www.aporrea.org, cuando la cifra de muertos durante la administración Chávez “apenas” iba por 88.910 (hoy en día totalizan 155.483 asesinatos en trece años), consiguió llamar la atención. Se me ocurre una hipótesis, extraída de la economía, para aproximar una explicación. Está bastante documentado el fenómeno en las grandes corridas bancarias o contra las monedas locales (o ambas): Siempre los locales empezaron a correr primero (es lógico, están más próximos ala información). La comunidad financiera internacional suele seguir esa estampida inicial. Quizás la pregunta sea entonces por qué este tema no llega a ser noticia para nosotros mismos. ¿Se trata acaso de alguna extraña variante del survivorship bias? ¿Acaso una señal de impotencia? Cualquiera que sea el caso, no es fenómeno exclusivamente venezolano. Ya Nassim Taleb, en El Cisne Negro, había advertido esa coincidencia entre la intensidad de la guerra civil en el Líbano y las ostentosas fiestas organizadas en Beirut. Algo similar ocurrió n la Alemania de Hitler en los meses previos a la caída. Mientras mayor laamenaza y más inminente el final, mayor el festival de frivolidad, ostentación y despilfarro.

Me parece muy interesante tratar de entender por qué los venezolanos somos capaces de convertir en Twitter-trendmundial al payaso Popy, Honorio Torrealba, Lila Morillo, o al hash-tag #cambiotitulodecancionporfruta, y no nos animamos a denunciar esa masacre de la que hemos sido víctimas en estos diez años. Dilucidar esa paradoja nos ayudará a entendernos mejor como sociedad, y quizás entonces podamos comprender también por qué el mundo nos ha prestado tan poca atención.

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http://www.eluniversal.com/opinion/120106/por-que-...

Miguel Ángel Santos