Ayer en la tarde debieron ser adjudicados los 1.500 millones de dólares del Bono del Sur II. Digo debieron porque hasta el miércoles lo único que se conocía eran los rangos de asignación (si pediste entre X y Z, te toca Y). Estas emisiones suelen traer consigo toda suerte de opiniones, las más de las veces encontradas, que generan confusión porque no se identifica de forma clara el punto de vista de quien habla. Es decir, ¿tú estás diciendo que esto es bueno para ti o para la República?

Ahí está el detalle. A título personal, la operación consiste en desembolsar 2.420.900 bolívares a cambio 500 dólares en bonos venezolanos y otros 500 dólares en bonos argentinos. Los bonos venezolanos, cuyo pago de intereses está atado a la devaluación, pueden ser vendidos sólo en el mercado local, de manera que prácticamente la mitad del desembolso en bolívares vuelve al inversionista. Así, en términos netos, salen del bolsillo 1.240.000 bolívares a cambio de un bono argentino cuyo valor de mercado es 470 dólares (94% de 500). Eso equivale a comprar dólares a 2.630 bolívares por dólar (2.700 si se agregan comisiones y otros gastos). Con el dólar paralelo a 4.250, esto representa un soberano (ese sí) tiro al piso.

Para la República es distinto. Dada la situación de desconfianza que existe en el país, la única manera de crearle mercado a la deuda pública nacional ahora es indexándola al dólar, y atándola a un bono argentino que le permita a los venezolanos comprar dólares baratos. En realidad, los “pequeños y medianos inversionistas” que “en un respaldo contundente a la política económica” del gobierno se abalanzaron sobre estos bonos, no tienen otro objetivo que no sea comprar dólares para protegerse de la devaluación. En la medida en que se indexe la deuda pública, el gobierno perderá el margen de maniobra que tenía en el pasado para cuadrar el presupuesto nacional.

El programa se inscribe dentro de la política de endeudamiento masiva que ha ejecutado el gobierno en estos ocho años de bonanza petrolera. Al incremento de la deuda pública interna (351% real en ocho años), ahora hay que agregar los 37 billones de títulos emitidos por el BCV para recoger los bolívares ociosos de la economía venezolana. Así, en plena bonanza, nuestra deuda pública totaliza 36% del PIB. El hecho de que como porcentaje del PIB haya caído en los últimos tres años no debe engañar a nadie: Cuando los precios del petróleo le saquen el helio al globo de la economía venezolana, la deuda seguirá incólume.

La emisión no tendrá efecto alguno sobre la recolección de liquidez. La única “buena” noticia es con esta operación el gobierno cambia los dólares de FONDEN en bolívares a 2.700 sin necesidad de devaluar. Por fortuna esta vez lo calcularon mejor, porque con el primer bono del sur la tasa equivalente fue menor a la tasa oficial.

Cuando terminaba de redactar estas líneas me alcanzó la nota de prensa del BCV que anuncia la reforma monetaria para el 1 de enero de 2008, y la creación del “bolívar fuerte”. Según el comunicado, en unos meses esta denominación le dejará lugar de nuevo al “bolívar”. Si sigue esta caimanera económica, la pérdida del “fuerte” en pocos meses será bastante más que literal.


Miguel Ángel Santos