Habría que dedicarle algo de tiempo a pensar en los reportes del Banco Central de Venezuela (BCV) sobre la inflación. Objetiva y desapasionadamente, hasta con cierta curiosidad intelectual. Para hacerlo, podría bastarnos con algo bastante simple, que en la teoría económica (como suele suceder) tiene un nombre bastante más complejo: Teoría Cuantitativa del Dinero.

Según esta teoría, si la cantidad de dinero circulante crece más que los bienes y servicios producidos en el país (PIB), la consecuencia directa será un incremento en los precios. Ejemplo: En el 2004, la cantidad de dinero circulante creció 49%, y el PIB creció 17%. Según la teoría, ese año la inflación debió haber cerrado en 32%, pero según el BCV “apenas” fue de 19%. ¿Y entonces? Entonces, es menester concluir que aunque los venezolanos se vieron bombardeados por una inmensa cantidad de bolívares que no necesitaban (porque no hacían falta 49% más de bolívares para transar 17% más de bienes), en lugar de utilizarlos para demandar bienes y presionar los precios decidieron guardarlos debajo del colchón, y moverlos más lentamente. Este hecho tan simple ostenta el nombre de una reducción en la velocidad de circulación del dinero.

¿Y a qué viene todo esto? Todo esto viene a que durante el primer semestre del año el crecimiento en la cantidad de dinero en circulación fue moderado, 11%, mientras el crecimiento del PIB fue 9%. La inflación durante esos seis meses alcanzó 8%, esta vez por encima de lo que predeciría la teoría (2%). El punto es que la teoría cuantitativa del dinero puede no cumplirse en períodos cortos (un semestre, un año, dos años) porque hay rezagos en los aumentos de precios, porque cae la velocidad de circulación, porque hay controles, porque existe MERCAL, porque por más insostenible que algo sea, siempre es posible sostenerlo por un tiempo. Pero hasta ahí.

En lo que va de segundo semestre el dinero en circulación ha crecido 12%. Si continúa ese ritmo, la liquidez cerrará el año 39% mayor que el año anterior. Todo esto a pesar de que el gobierno ha montado tres dispositivos para evitar un crecimiento aún mayor del circulante. Primero, sacar bolívares del mercado vía importaciones. En el segundo trimestre las importaciones no petroleras alcanzaron la cifra record de 5.500 millones de dólares. Segundo, continuar la política de absorción del BCV, que para Junio ya tenía encima bonos equivalentes al 70% de las monedas y los billetes que existen en Venezuela. Tercero, crear un fondo en dólares en el exterior que, entre muchas otras cosas, evite la monetización (conversión en bolívares) de las ventas de petróleo en dólares. Y a pesar de todo esto, ¡la liquidez en dos meses creció 12%!

Pero los precios aún no reaccionan. Durante los dos últimos meses la inflación apenas alcanzó 0.9% (Julio) y 1.0% (Agosto). Los controles, MERCAL, la escasez, y otros dispositivos “extra-mercado” están generando la ilusión de que el pacto del gobierno para que no se caigan los mangos puede funcionar. Mirando por el retrovisor, se podría ahora argüir que la economía venezolana se está “re-monetizando”, que la velocidad de circulación del dinero seguirá cayendo, y que el gobierno podrá seguir imprimiendo dinero sin generar inflación. Yo, al menos por ahora, voy a evitar esa tentación y me voy a inclinar por la teoría. Voy a pensar que dándole tiempo al tiempo los precios reaccionarán, a fin de cuentas la teoría cuantitativa del dinero es más consecuente con la realidad cuando se analizan períodos más largos. De ser así, y sin ánimo de celebrarlo, los mangos se nos vendrán encima tarde o temprano, a todos, a los que apostaron por eso y a los que no también.


Miguel Ángel Santos