Discutir acerca de la sobrevaluación del bolívar se ha puesto de moda, acaso a raíz de la posible eliminación de los tres ceros y el rebautizo de nuestra moneda. Para ponernos todos en la misma página: En su versión más simple, se dice que el bolívar está sobrevaluado cuando lo que se puede comprar con 2.150 bolívares en Venezuela es bastante menos de lo que se puede adquirir con un dólar en el exterior.

Algunos analistas han enfocado este problema a través de la relación que existe entre la cantidad de dinero en la calle (liquidez monetaria) y las reservas internacionales. Según este enfoque, el BCV pudiese adquirir los 82 billones (12 ceros) de bolívares que había en la calle el 26 de Junio, utilizando los 31.596 millones de dólares de reservas internacionales, a una tasa de cambio equivalente de 2.620 (22% más que la tasa oficial).

A este cálculo, atractivo por su simpleza intuitiva, se le ven algunas costuras metodológicas y conceptuales. En primer lugar, su resultado depende de las operaciones de absorción del BCV. Para el cierre de Mayo el BCV había absorbido 34 billones de bolívares en títulos de corto plazo. Si en algún momento esa cantidad no se puede renovar, esas monedas y billetes saldrán a la calle y afectarán la razón calculada. ¿En cuánto? Depende. La manera más simple de estimarlo es sumar esos 34 billones a la liquidez que ya se encuentra en la calle, lo que resulta en 3.690 bolívares por dólar (72% más que la tasa oficial). Hacerlo así es sumar peras con manzanas; liquidez monetaria con monedas y billetes. Si se considera el poder de generar liquidez de esos 34 billones de monedas y billetes, la razón puede superar los 5.800 bolívares por dólar (170% más que la tasa oficial). Luego está el problema del FONDEN, si allí queda algo, si ese algo es susceptible de convertirse en reservas (lo que mejoraría la relación), pero aquí no hay estadísticas oficiales. En cualquier caso, la razón liquidez-reservas se ha deteriorado 45% en doce meses, una señal de alarma ya no de sobrevaluación, pero sí de otras cosas.

En segundo lugar, no se toma en cuenta la relación de precios de bienes y servicios transables (exportables e importables) entre Venezuela y sus socios comerciales. Hay formas cotidianas de verificar esta relación. Las importaciones no petroleras, que alcanzaron el año pasado la cifra récord de 22.535 millones de dólares. Las salidas netas de capital privado, que sumaron el año pasado 7.872 millones de dólares. Si el dólar no “está barato” (una frase cotidiana que describe la sobrevaluación), ¿por qué todo el mundo está comprando dólares?

Algunos representantes del gobierno han citado el crecimiento de las exportaciones no-petroleras para justificar la no-sobrevaluación del bolívar, pero ese es un papagayo que no vuela: Nuestras exportaciones no-petroleras están aumentando porque siguen aumentando los precios de las materias primas (hierro, acero, aluminio), no porque los precios relativos sean más favorables.

Hay métodos más simples todavía. Cuando esté en el aeropuerto, observe el peso de los paquetes de quienes salen hacia Estados Unidos, y luego suba al segundo piso y observe los de quienes llegan. Esa es la expresión más pura. Más simple aún, el BIG MAC venezolano en combo sale en unos 4,9 dólares (10.500 bolívares), uno de los más caros del mundo (sólo por debajo de Suiza, 5,1), y bastante más caro que Estados Unidos (3,1). Una más: Váyase a un concesionario de carros. HONDA CRV: 82 millones, equivalentes a 38.000 dólares, 29% más caro que en Estados Unidos; AVEO: 33 millones, equivalentes a 15.200 dólares, 25% más caro. Y así sucesivamente. Que siga la fiesta.

Miguel Ángel Santos